¿Por qué puede subir la glucemia durante el ejercicio en diabetes tipo 1?

Las personas con diabetes conviven día a día pendientes de su nivel de azúcar en sangre (glucemia). Cuando van a realizar actividad física, no se les aconseja realizarla si sus valores de azúcar en sangre están por encima de los 250 mg/dl. ¿Alguna vez os habéis preguntado por qué no se recomienda hacer ejercicio por encima de esos niveles?

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El Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM, siglas en inglés) junto con la Asociación Americana de Diabetes (ADA) establecieron unas recomendaciones en las que no se aconsejan realizar actividad física si se tiene una glucemia por encima de 250 mg/dl en sangre con presencia de cetoacidosis o 300 mg/dl independientemente de si se tenga cetoacidosis o no, ya que estos valores de azúcar en sangre irán en aumento.

La respuesta, aparentemente es sencilla. Todos sabemos que la función principal de la insulina es llevar el azúcar de la sangre al músculo, puesto que este es incapaz de introducirla por sí mismo. Las hiperglucemias se dan, entre otras causas, por falta de insulina en sangre (hipoinsulinemia). Según Berger M., Berchtold P. y Cuppers HJ. (1997) en casos de hipoinsulinemia se segrega cortisol, catecolaminas y glucagón, hormonas que provocan un aumento de la glucemia en sangre.

Debido a la existencia de un déficit de insulina en sangre, el músculo está falto de hidratos de carbono para llevar una correcta función en la producción de energía durante el ejercicio. Este déficit hace que el hígado produzca glucosa a partir de otros nutrientes como son los ácidos grasos, este proceso se denomina como gluconeogénesis. Al llevarse a cabo esta ruta metabólica el hígado envía glucosa al torrente sanguíneo, lo que provoca un aumento mayor de la glucemia. Si este efecto se lleva durante un tiempo prolongado suficiente el paciente con diabetes corre el riesgo de padecer un coma hiperglucémico.

Es necesario indicar que tras la gluconeogénesis el organismo produce un producto de carácter ácido llamado cuerpos cetónicos, este compuesto es utilizado por diferentes tejidos como músculo esquelético, corazón y cerebro. Las personas con diabetes tipo 1 tienen dificultad para eliminar este compuesto si tienen una alta concentración en sangre. Una concentración elevada de este compuesto se conoce como cetoacidosis. Esta suele ser la causa principal de ingresos hospitalarios en los debuts diabéticos ya que se puede producir un coma hiperosmolar e incluso la muerte.

En resumen, al iniciar una sesión de entrenamiento el músculo necesita hidratos de carbono para llevar su función correctamente. Al existir un déficit de insulina y, por consiguiente, falta de aporte de azúcar en el músculo, el hígado produce azúcar a partir de las grasas produciendo también cuerpos cetónicos. Esto provoca un aumento de la glucemia y cuerpos cetónicos en la sangre, pudiendo agravar los efectos de la hiperglucemia y cetoacidosis.

CONCLUSIONES:

Por lo anteriormente indicado, si una persona con diabetes tipo 1 se dispone a realizar ejercicio con una glucemia elevada debido a una insuficiencia en la administración de insulina corre el riesgo de que esta aumente debido a la producción de glucosa por parte del hígado con el riesgo de sufrir una cetoacidosis dada la producción de cuerpos cetónicos.

Aconsejar que si te dispones a realizar actividad física con una glucemia alta, te administres, previamente indicada por tu endocrino, alguna dosis de insulina antes de realizar actividad física y esperes a que la glucemia se normalice o esta esté por debajo de los 200 mg/dl en sangre. Aunque esto tampoco está exento de riesgos, si el ejercicio es extenuante y las dosis de insulina son elevadas puede producirse una hipogluciemia durante la práctica de actividad física, inmediatamente después o horas después de ésta, por lo cual hay que estar precavido y atento para que esto no suceda.

REFERENCIAS:

– American College of Sports Medicine & American Diabetes Association. Ejercicio y Diabetes Mellitus, Medicine & Science in Sports & Exercise, Volumen 29, Número 12. 1998.

– Calderón, FJ. Fisiología aplicada al deporte. Madrid, Editorial Tébar, 2007.

– López Chicharro, J., Fernández Vaquero, M. Fisiología clínica del ejercicio. Madrid, Panamericana, 1995.

– López Chicharro, J., López Mojares, LM. Fisiología del ejercicio. Madrid, Panamericana, 2008.